¡Oh naranjal! ¡Oh naranjal!
          Cuán verdes son tus hojas;
          No cambian nunca de color,
          Ni con el frío ni el calor.

Me gusta también esta otra:

          Soñé que el fuego se helaba,
          Ayayay,
          Soñé que la nieve ardía.
          Y por soñar imposibles
          Soñé que tú me querías…

Versos y melodías tan simples, uno se pregunta por qué llegan al corazón. Bueno, no al corazón de todos, por supuesto, pero hay algunos románticos que aún sueñan y suspiran.

Nos complicamos tanto en nuestras búsquedas; nos hacemos un nudo, andamos y desandamos el camino mil veces y lo enredamos todo. Un buen día nos arrancamos, vamos cerca del mar o del cielo, y mientras sentimos suave el susurro del viento descubrimos por fin que todas las respuestas estaban en la palabra sencilla, el pequeño gesto, la mirada pura. Que las respuestas estuvieron siempre a nuestro lado, como en estas sencillas canciones.

          Pajarillo volador, si ves a la prenda mía,
          Pajarillo volador, si ves a la prenda mía,
          Si te pregunta si lloro, dile que, dile que todos los días.

¿Cuántas de estas recuerda usted? Es un buen momento para cantar.

Pelleas